Revive polémica por el nuevo avión de Peña

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El modelo del aparato en la configuración que se vende a líneas aéreas está diseñado para transportar a entre 217 y 323 pasajeros.

MÁS QUE UNA NECESIDAD O INCLUSO UN LUJO, EL NUEVO AVIÓN PRESIDENCIAL ES UNA OFENSA PARA LOS MEXICANOS

El jet Boeing 787 Dreamliner encargado a la empresa armadora desde 2012, está por aterrizar en unas semanas. Algunos critican el costo del aparato, valuado en casi 7 mil millones de pesos. También señalan que no era necesario comprar una aeronave de este tipo, ni tampoco las costosas adecuaciones que se le realizaron, ya que la remodelación del aparato tuvo un costo adicional de 32 millones de dólares. De acuerdo con las versiones, se adaptó a la aeronave un área especial para el descanso del Presidente. También se añadieron sofisticados equipos de comunicación y una zona de trabajo durante los vuelos.

Comprar este modelo de avión no era necesario, es la opinión de un buen numero de políticos y analistas ya que la naturaleza de este avión excede los requerimientos, y en todo caso, se pudieron cubrir las necesidades con un avión de otras características. Según ha trascendido, el primer vuelo se realizará en estos días, en un viaje a Europa del presidente Peña.

Otros advierten que la compra del Dreamliner no es un lujo, sino un asunto de seguridad nacional.

El actual avión presidencial, un Boeing 757-225, fue construido en 1987 y ha registrado algunas fallas, según reportes de la bitácora técnica. Por ejemplo, en abril de 2015 el aparato, llamado Presidente Juárez TP-01, tuvo que ser remolcado después de aterrizar en Panamá. Y dos años antes, fue necesario cambiarle una válvula que se dañó inesperadamente en Veracruz, al sureste del país. En esa ocasión el Presidente Peña Nieto y su comitiva tuvieron que regresar a Ciudad de México en otro avión, el TP-02. Además de estos problemas, la aeronave tiene una capacidad de vuelo de 12 horas, lo que obliga a hacer escalas en viajes internacionales. En cambio, el nuevo Dreamliner puede volar sin aterrizar durante 20 horas.

El modelo del aparato en la configuración que se vende a líneas aéreas está diseñado para transportar a entre 217 y 323 pasajeros. Consume menos combustible que otros aviones de su tamaño y forma parte de las flotas de algunas de las aerolíneas más importantes del mundo. Habrá que recordad que la compra del nuevo avión fue ordenada por el ex Presidente Felipe Calderón, en ese momento, fue una decisión justificada por razones de seguridad ante los problemas de la flota aérea oficial, y que en teoría habrían provocado accidentes donde murieron altos funcionarios.

El 21 de septiembre de 2005 murió el entonces Secretario de Seguridad Pública, Ramón Martín Huerta, al desplomarse el helicóptero en que viajaba. Tres años después, en octubre de 2008, falleció el Secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño. La administración de Calderón sólo pagó 4.8 millones de pesos, en 2013 otros 70.8 millones y en 2014 se pagaron 219 millones. Durante 2015 se erogaron poco más de 425 millones. El pago total del avión será de casi 7 mil millones de pesos más mil 211 millones de pesos en promedio por el mantenimiento de la aeronave durante 15 años.

A partir de este año, el gobierno de Enrique Peña Nieto tiene proyectado destinar mayores recursos —y homologados— para la adquisición del llamado avión de la discordia que en breve entrará en funcionamiento.

El Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) para el ejercicio fiscal 2016 detalla que en la segunda mitad del sexenio de Peña Nieto (del 2016 al 2018) se buscarán destinar recursos por casi 1,552 millones de pesos (a razón de 517 millones 316,287 pesos por año).

A PARTIR DEL 2019 —AÑO EN QUE ESTARÁ EN FUNCIONES YA UN NUEVO PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA— QUEDARÁN PENDIENTES DE PAGAR 4,634 MILLONES 886,485 PESOS

Conforme al presupuesto de egresos para este año, la adquisición de una “aeronave de transporte estratégico para uso presidencial y del Estado Mayor” tendrá un costo total de 6,983 millones 251,790 pesos.

El avión y el equipo representan una erogación total de 1,197.8 millones de pesos: la aeronave por un costo de 637.1 millones y el equipo por 560.7 millones de pesos. Ello significaría que el gobierno mexicano aún no termina de cubrir el monto por estos dos conceptos (avión y equipo), ya que como se mencionó, hasta el 2015 se habían pagado menos de 800 millones de pesos.

Por otra parte, la adquisición de la aeronave contempla pagos anuales promedio y durante 15 años, que pueden superar los 500 millones de pesos (pagos promedio de 45 millones anuales en operación y mantenimiento).

Para esta adquisición también fue necesaria la remodelación del actual hangar presidencial, que para este 2016 ya no contempló recursos como parte del PEF.

Conforme al PEF del 2015, dicho hangar habría quedado en una inversión total de 977 millones de pesos. Aunque en el 2020, el hangar presidencial deberá mudar al nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y el gasto entonces, habría sido solo para cumplirle el capricho al Presidente que gobierna un país de más de 70 millones de pobres y en el que 25 millones de personas padecen pobreza extrema, es decir, un ingreso mucho menor a un dólar por día. El nuevo avión presidencial ya tuvo sus primeras pruebas de vuelo. Sucedieron en Estados Unidos, en el aeropuerto Dallas Love Field, en Dallas, Texas, en específico. De acuerdo con información publicada por medios mexicanos, el pasado lunes la aeronave realizó vueltas sobre los estados de Texas, Nuevo México y Arizona. El avión Boeing 787-8 Dreamliner realizó un trayecto de 8 mil 659.8 kilómetros en 10 horas 55 minutos. Alcanzó los 41 mil pies de altitud. Según videos subidos a YouTube por Aircraftvideos e imágenes en Flickr, la aeronave realizó las pruebas el 22 y 28 de diciembre. Además, el “José María Morelos y Pavón” recorrió 8.6 kilómetros en Dallas el lunes 28 de diciembre, según el sitio Flightaware, en el que se pueden realizar rastreos en vivo. El ostentoso aparato no lo tienen aun ni siquiera los líderes de los países más poderosos del mundo como Estados Unidos, China o Rusia, pero el Presidente Peña si, y todos lo estamos pagando con nuestros impuestos.

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Frente a lo que es considerado el problema número uno en este momento en cuestión económica en el país, la paridad peso-dólar, lo que las autoridades federales han dicho, es que no obstante la inflación en el país es una de las menores registradas en décadas, de ahí entonces que exista confusión en entender el por qué la moneda norteamericana está cara y el gobierno insista en que la macroeconomía soporta no la depreciación del peso mexicano, sino la apreciación del billete verde. La inflación en México avanzó en diciembre 0.41% para ubicar la tasa anual acumulada en 2.13%, el dato más moderado desde que el INEGI tiene registro.

El dato acumulado está en el piso de rango objetivo del Banco de México de 3%, más/menos un punto porcentual.

Además, es ligeramente mayor al 2.08% previsto por economistas y al 2.06% estimado por los bancos comerciales mexicanos.

La baja inflación en 2015 se asocia a la baja en los precios de la electricidad, la caída de los precios de los servicios de telecomunicaciones (particularmente de la telefonía móvil), lo cual se conjunto con un incremento moderado de los precios agropecuarios en el conjunto anual (sobre todo por la baja de los productos cárnicos). Además, la depreciación del tipo de cambio, hasta ahora, se ha reflejado en un efecto por demás moderado en la inflación, ayudado en parte por la caída de los precios de las materias primas en los mercados internacionales. Pero esa circunstancia no se sabe cuanto durará.

El índice subyacente, considerado un mejor parámetro para medir la trayectoria de los precios porque elimina algunos productos de alta volatilidad, subió  0.31% en diciembre respecto al mes previo.

La inflación subyacente interanual —la que vigila el banco central para sus decisiones de política monetaria— se ubicó en 2.41%.

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Se especula que el peso podría recuperarse frente al dólar en los próximos meses.

No obstante, la inflación en nuestro país comenzaría a repuntar en 2016, y se ubicaría a final del año en 3.3 por ciento, muy cerca del objetivo trazado por las autoridades monetarias del Banco de México, de acuerdo con escenarios previstos por el banco de inversión Merrill Lynch. En un informe difundido el fin de semana, el banco con sede en Nueva York precisó que espera que la inflación año con año en la primera mitad de enero sea de 2.56 por ciento, con un incremento de 0.11 por ciento y de 0.16 por ciento en la inflación subyacente. Varios factores explican la esperada alza en la inflación, entre los que destaca un efecto base de enero de 2015, que contribuirá cerca de 50 puntos a la inflación, que desaparece de la eliminación de las tarifas de larga distancia. Adicionalmente, la influencia de la depreciación del peso contribuirá en 25 puntos base a la inflación, y los mayores precios de mercancías agrícolas contribuirán en 35 puntos. Al contrario, los precios de la energía van a restar cerca de 17 puntos base de la inflación. Hasta el momento, el peso mexicano ha actuado como una barrera contra los choques externos en México, y la volatilidad de la moneda ha mantenido bajo control la volatilidad en otras variables como la inflación. La depreciación del peso ha contribuido a mantener a México competitivo respecto de otros países, sin embargo el sector industrial permanece débil, en especial el componente de la manufactura, que está ligado a su equivalente en Estados Unidos, que ha sumado dos meses consecutivos de contracción. El riesgo más importante a la baja para el Producto Interno Bruto (PIB) es el continuo retroceso de los precios del crudo. Sin embargo, y pese al panorama actual, hay quienes afirman que habrá una recuperación de la moneda nacional frente a la del vecino país del norte, pese a que la volatilidad en el tipo de cambio permanecerá por lo menos durante el primer semestre del año, de acuerdo con líderes empresariales. Así pues, la previsión es que el país logrará mantener una inflación baja y detonar un crecimiento económico cercano a tres por ciento durante este año, pues a decir de los analistas económicos no existen elementos para que la inflación crezca más allá de tres por ciento, ni para que el crecimiento de la economía se detenga.

Pero irónicamente y a pesar de lo que padecemos, expertos afirman que México es una de las economías que mayor fortaleza tiene para mitigar los efectos de la volatilidad en el tipo de cambio; el truco en la estadística es que nos comparan  con otros países menos abiertos al mercado global.

Hasta el momento el incremento que ha registrado el dólar durante las primeras semanas de enero no ha afectado los precios de bienes y servicios debido a que se ha compensado con la disminución de costos provocada por el descenso de los precios de los energéticos generados por las reformas estructurales, los cuales acumulan una caída de 40 por ciento. Luego entonces el riesgo de que el tipo de cambio contamine los precios es “reducido”, debido a que 85 por ciento de los productos que se venden en los centros comerciales que operan en nuestro país son nacionales.  Lo anterior es lo que oficialmente se dice, no obstante en el país la realidad es otra, el encarecimiento del dólar está modificando el patrón de consumo principalmente de los fronterizos, que al ver reducido su poder adquisitivo se ven en la necesidad de recortar gastos en salud y diversión, lo que pega también a los comercios locales. El alza de la moneda americana inevitablemente se ha trasladado al costo de alimentos y otros artículos de importación, mermando el poder de compra de los ciudadanos, y esto es grave pues en la medida que se encarece el dólar, los productos ligados a esta moneda que son importados también aumentan. Esta situación ocurre mientras las transacciones de los centros cambiarios están en un mínimo nivel, de acuerdo con quienes operan esta clase de establecimientos, y que a mediados del año pasado el número de transacciones oscilaba entre 15 y 20 diarias y ahora no rebasan las cinco.

Estadísticas del Banco de México indican que en la actual administración Federal el peso acumula una caída del 53 por ciento frente al dólar al tocar casi los 19 pesos por unidad.

Alimentos, ropa, zapatos, partes para autos, electrónicos, entre otros productos de consumo básico se tasan en dólares, es decir se compran en moneda americana y para el precio final se hace la conversión a pesos.

Los últimos meses una serie de factores internacionales, principalmente la caída de los precios del petróleo y la desaceleración de la economía china, dieron fortaleza a la moneda estadounidense y provocaron la caída del peso mexicano.

Análisis de precios indican que algunos alimentos de importación acumulan ya un incremento de hasta un 82 por ciento, contra el costo vigente a enero de 2015. Tales incrementos reducen la calidad de vida, pues mientras la adquisición de bienes y servicios aumenta, la brecha con los salarios se hace cada vez más grande. Es un hecho que los negocios del sector están ahorcados por la paridad cambiaria. Esto principalmente porque la mayoría de los negocios importa sus insumos y paga costos en dólares, deudas que se desproporcionaron en el último año. En Enero de 2015 el dólar a la venta estaba en 14.25 pesos en centros cambiarios y actualmente se vende hasta en 17.50 pesos. Esto significa que si un comercio por una transacción de mil dólares pagaba en 2015 un total de 14 mil 250 pesos ahora desembolsa 17 mil 500 pesos. Desde el comienzo de la turbulencia en la paridad cambiaria los negocios de este giro arrastran una caída de entre un 30 y hasta 50 por ciento en el número de operaciones.

La cotización del dólar ante el peso, así como la llamada cuesta de enero, sigue siendo una condicionante para que las ventas en los comercios se mantengan a la baja, tanto por los consumidores y ello se recrudece más en la frontera.

Para los especialistas el receso en la actividad económica es propia tanto de la temporada del año, pero sobre todo de las condiciones actuales de los mercados internacionales. Por supuesto tiene que ver el precio del petróleo, y la caída accionaria de China, pero sobre todo que varios países están fortaleciendo sus reservas y comprando el dólar, lo que hace también que se encarezca. Lamentable que el Banco de México tenga poca injerencia en los factores que impulsan el dólar y sólo pueda actuar con mecanismos para acortar la caída del peso, como la subasta de dólares. Sin embargo, si continúa la caída de los precios del petróleo, por la alta dependencia de las finanzas públicas, es probable que se prolongue aún más la caída del peso.

 

@salvadorcosio1

opinion.salcosga@hotmail.com

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