La ilustración y el dispendio

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La Universidad de Guadalajara, raUldeG por sus siglas caciquiles, es un monstruo que administra el segundo presupuesto público más alto de Jalisco después del gobierno estatal.
 
Este año por lo menos tendrá 12 mil 143 millones de pesos disponibles para su ejercicio y para atender unos 265 mil alumnos, cuando por ejemplo el ayuntamiento de Guadalajara dispondrá de 6 mil 594 millones de pesos para una población de alrededor de 1 millón y medio de personas.
 
No se vale la comparativa, es cierto, al tratarse de diferentes ámbitos de la función pública, pero es clarificadora para determinar el tamaño del dinero del pueblo que administra la casa de estudio.
 
Un presupuesto así de grande ha permitido avanzar a la universidad en un crecimiento más cualitativo en su esquema académico que cuantitativo en relación al ingreso de alumnos, luego que se mantiene por encima del 55 por ciento el número de rechazados a ingresar a sus aulas.
 
La justificación de que no se puede crecer al ritmo de la demanda sin embargo choca de frente con hechos como la vida de jeque del jeque de jeques, evidenciada en redes por su propia hija en un escandalito que sólo ofrece una mirada al uso y abuso de los recursos públicos.
 
Nada nuevo por supuesto, desde 1989 los dineros universitarios han tenido que pasar check in por el escrutinio padillista, digo del consejo universitario, y la universidad se ha convertido en una selva de adulaciones para la burguesía dorada, donde los golpes por debajo de la mesa, la grilla más cortesana y la cercanía con los RPLboes son la mejor forma de lograr un ascenso en la intrincada escala del organigrama en la cual hay casi tantas jefaturas como estudiantes.
 
Parece difícil que en el corto plazo se logre una verdadera democracia en raUldeG, en particular porque su líder no tiene intenciones de retiro.
Se le ve hoy más jovial y repuesto que en los años recientes, cuando se desataron rumores acerca de su salud.
 
Todo tendrá que seguir bajo su supervisión, en especial el destino de los dineros, se irá como Fidel Velázquez o Joaquín Gamboa Pascoe, con los pies por delante, cual central sindical charra. Y también como central obrera jurásica, quien lo suceda tendrá que haber sido antes un fiel del grupo.
 
Tampoco es nuevo que el común de la ciudadanía vea cómo con total impunidad se dan saqueos por parte de los funcionarios públicos, a quienes su langarismo los delata tarde que temprano porque ¿para qué quieren dinero si no es para gastarlo, para ir de aquí a allá por el mundo y el jet set muchas veces con cargo en los erarios? En todos los poderes, en todos los niveles.
 
Pero lo que cabría esperar, siempre no ahora, es que por lo menos en las universidades la ilustración de sus miembros fuera un dique a tan ostentosos derroches, que existiera una atmósfera republicana y de pudor. Y por supuesto que se cumpliera con el objetivo central: los alumnos.
 
Vista la dificultad para sujetar un grupo que solo parece haber sido creado para quienes componen esa pequeña élite, cuyo poder no ha podido ser mermado ni desde dentro (Carlos Briseño o uno que otro movimiento reivindicador como el más reciente que se manifiesta contra las cuotas) o desde fuera (tres gobernadores panistas al hilo),  parece que lo único que queda es apelar al juicio de los RPLboes y a la autocrítica, para que ese objetivo central sea reivindicado.
 
PARTIDIARIO
Desaparecidos.- Uno de los temas más graves de seguridad pública en Jalisco -y en el país- es el de los desaparecidos. Una situación extrema que obliga a sus víctimas (que somos todos en realidad aunque no lo hemos hecho consciente) a reaccionar de manera extrema. Que saca de la normalidad del hogar a las familias y las convierte en jurisprudentes, en activistas, en revolucionarios. En Jalisco las cosas no van mejor, aunque hay ligeras esperanzas que los cambios anunciados por la Fiscalía logren impedir que se agrave aún más. Por lo pronto la unidad de los organismos de familiares de desaparecidos es ya una esperanza para presionar a quienes muestren indolencia y que, por desgracia, siguen siendo muchos…
 
Y ya con esta.- Mi teoría es que la violencia en los estadios de futbol obedece a la frustración de los aficionados locales que tienen muchos años sin tener un equipo decoroso, siendo como es Guadalajara una de las mejores plazas del país para el deporte más comercializado y por tanto popular. Así que no habrá policías que la puedan detener y las familias tendrán que seguir esperando para regresar a los estadios, porque lo único posible para detener tal frustración es invertir carretadas de dinero para comprar buenos jugadores. Pero como los magnates dueños de los dos equipos locales saben que no es necesario para sus propósitos empresariales, si es pasión vale más borrarla…
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