Gobiernos progresistas, fin de ciclo

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Uno de los fenómenos políticos más relevantes del 2015 será, sin duda, el fin de ciclo de los gobiernos progresistas en América Latina. Por gobiernos progresistas se entiende la llegada al poder estatal de partidos autodenominados de izquierda o revolucionarios en varios países de América Latina. El ciclo arrancó con el triunfo de Hugo Chávez en las elecciones presidenciales en Venezuela en 1998, con lo que inició un ciclo de reformas y lo que el chavismo llamó un periodo de cambios revolucionarios en ese país.

Luego de Chávez, sucesivos candidatos de la izquierda electoral llegaron a los gobiernos de Brasil con Lula da Silva (2003); Tabaré Vázquez (2005) y José Mujica (2009) en Uruguay; Bolivia con Evo Morales (2006); José Manuel Zelaya en Honduras (2006); Rafael Correa en Ecuador (2007); Daniel Ortega en Nicaragua (2007); Michelle Bachelet en Chile (2006-2010 en un primer periodo; 2014 en segundo periodo) entre otros mandatarios autonombrados progresistas.

El ascenso al poder de estos candidatos y partidos de izquierda no fue el punto de llegada sino el punto de partida de una ola de fuertes movilizaciones sociales y populares ocurridas por toda América Latina en contra del modelo neoliberal que se venía imponiendo en toda la región desde el golpe de Estado en Chile en 1973.

Ese ciclo de luchas populares arrancó con el Caracazo de 1989 en la capital de Venezuela y se extendió por toda la región con movilizaciones como las ocurridas en Argentina en diciembre de 2001 que tumbó a tres presidentes con su demanda “que se vayan todos” los políticos, o las guerras del agua y el petróleo en Bolivia en Cochabamba en el 2000 y El Alto en 2003.

El ascenso de los gobiernos progresistas marcó así el rechazo a las políticas neoliberales en toda la región y los intentos de implementar políticas sociales de redistribución de la riqueza. Fue al mismo tiempo un cambio geopolítico de gran envergadura, pues supuso una crisis de la hegemonía de Estados Unidos sobre América Latina (por ejemplo con el rechazo al Acuerdo Continental de Libre Comercio impulsado por George Bush hijo en 2005), el impulso a mecanismos e instituciones regionales como Mercosur, Unasur, el Banco del Sur y acuerdos de integración política como el Alba. Hoy esos intentos casi llegan a su fin o se encuentran desgastados.

En Argentina, el conservador Mauricio Macri derrotó al candidato kirchnerista Daniel Scioli en las elecciones presidenciales de diciembre de 2015, poniendo fin a una década de gobiernos menemistas. En Brasil, la presidenta Dilma Rousseff enfrenta baja popularidad, movilizaciones opositoras y una crisis de gobernabilidad del Partido del Trabajo. En Ecuador, Correa enfrentó el mes de junio las movilizaciones indígenas y populares más grandes desde la llegada de los gobiernos progresistas; en Bolivia, Morales mantiene alta popularidad, pero con cuestionamientos cada vez más duros de parte de los movimientos indígenas y popular; el chavismo sufrió el pasado 6 de diciembre su peor derrota al perder el control del Poder Legislativo de ese país. En Honduras, Manuel Zelaya fue depuesto mediante golpe de Estado en 2009 y Daniel Ortega enfrenta una crisis de legitimidad en Nicaragua.

NO SE TRATA, COMO SOSTIENEN LAS VANGUARDIAS PROGRESISTAS Y VARIOS DE SUS SEGUIDORES, DE ATAQUES DEL IMPERIALISMO Y DE SUS ALIADOS, SIN DESCONOCER QUE EXISTEN ESTAS ESTRATEGIAS

En la mayoría de los casos, los gobiernos progresistas se encuentran en crisis debido a que incumplieron las promesas de cambio prometidas a los movimientos sociales y populares que los llevaron al poder.

Los gobiernos progresistas gozaron de un periodo de aumento de precios de los commodities o productos primarios en los mercados internacionales, lo que les permitió ingresos fiscales altos y que a su vez se distribuyeron en subsidios y políticas sociales hacia los sectores más pobres.

Pero en esencia, se ha cuestionado a los gobiernos progresistas porque no modificaron el patrón de dependencia hacia el exterior y no cambiaron el modelo neoliberal. En algunos casos, los progresistas fueron más exitosos que otros gobiernos conservadores en las políticas de promoción del extractivismo, como el de la soja, la minería, el petróleo y recursos como bosques y aguas.

También hay un severo cuestionamiento a los gobiernos progresistas no sólo por alejarse de los movimientos sociales y populares, sino también por perseguirlos y reprimirlos. Además se ha criticado el personalismo y vanguardismo que caracteriza a la mayoría de estos gobiernos. La búsqueda de la reelección de los presidentes es un síntoma de este culto a la personalidad.

De modo que el fin de ciclo de los gobiernos progresistas, abre la interrogante sobre los caminos y horizontes que tiene por delante la política emancipatoria en América Latina. 
@rmartinmar
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