Tres pesotes de aumento

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Como viene ocurriendo desde hace ya 30 años, el Estado mexicano volvió a castigar el ingreso de los asalariados del país al determinar que el aumento salarial para el siguiente año fuera de tres pesotes con un incremento porcentual de apenas 4.2 por ciento. Con la decisión tomada por los integrantes de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (Conasami) el salario mínimo nacional, ya existe un solo salario en todo el país, pasó de  70.10 pesos a 73.04 pesos, por lo que en realidad el aumento quedó en 2.94 pesos, a seis centavos de los tres pesotes.

Los miembros de la Conasami, un organismo tripartito integrado por funcionarios de gobierno, representantes sindicales y empresariales, justificaron que la inflación para 2015 apenas será de 2 por ciento, según la información que les entregó el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, “con lo cual el poder adquisitivo del salario mínimo tendrá una recuperación de 4.80 por ciento, más del doble de la inflación señalada”.

Con esta medida, informó la Conasami después del aumento de tres pesotes, el salario mínimo real tendrá una recuperación de su poder de compra de 4.67 por ciento en la administración del priista Enrique Peña Nieto, “la más alta para un período similar en las últimas siete administraciones”. De modo que para la agencia estatal que determina los salarios mínimos, la medida es adecuada y a favor de los trabajadores del país.

No sé en qué país viven los integrantes de la Conasami que quieren vender como positiva una medida que a todas luces va en contra de los intereses de los mexicanos que viven de su fuerza de trabajo.  Tres pesotes son apenas un cuarto de kilo de azúcar, es medio refresco de tamaño mediano, no alcanza para comprar un Gansito y tal vez una banana.

Con el aumento salarial de los tres pesotes, el salario mínimo mensual quedará en 2,191 pesos mensuales. Según artículo 123 de la Constitución y sus leyes reglamentarias, el salario mínimo deberá ser suficiente “para satisfacer las necesidades normales de la vida del obrero, su educación y sus placeres honestos, considerándolo como jefe de familia”.  Es obvio que con un salario mínimo de 2,191 pesos mensuales un trabajador no puede mantener de manera decorosa y digna a una familia promedio de cuatro miembros. Es obvio que con un salario mínimo de 73.04 pesos al día no se satisfacen las “necesidades normales de vida del obrero”, por el contrario, con estos salarios se les condena a la pobreza, a la explotación o a estrategias de vida que implican más trabajo y esfuerzo para el trabajador y su familia. El trabajador debe buscar otros empleos o ingresos y lo que ocurre es que el resto de miembros de la familia también deben procurarse más ingresos, ya sea la esposa, los hijos y en no pocas ocasiones los miembros más viejos de la unidad doméstica, aún y cuando ya estuvieran retirados. En resumen, la decisión del Estado mexicano va en contra de las necesidades y exigencias de tener una vida digna para la mayoría de los mexicanos.

PERO NO SÓLO ES QUE LOS MIEMBROS DE LA CONASAMI IGNOREN LA REALIDAD PARA LAS FAMILIAS QUE VIVEN CON INGRESOS DE UN SALARIO MÍNIMO, TAMBIÉN FALSEAN LA REALIDAD

Según estudios independientes de investigadores de la UNAM o de la UdeG, la canasta básica apenas podría comprarse con casi cuatro salarios mínimos, lo que desmiente las justificaciones de la Conasami.

De hecho, el salario mínimo no sólo no ha mejorado en el gobierno de Peña Nieto sino que suma una pérdida acumulada de poder adquisitivo de 9.65 por ciento, según dieron a conocer investigadores de la UNAM del Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM) en su más reciente reporte de investigación. Desde que empezaron a aplicarse los pactos de estabilización económica y las políticas de contención salarial, el salario mínimo en México ha perdido 83 por ciento del valor que tenía en diciembre de 1987.

No es algo que ignoren los integrantes de la Conasami, pero se entiende porque sus miembros en realidad no representan a los trabajadores, pues los funcionarios estatales y los representantes sindicales en realidad son representantes de políticas que favorecen la acumulación de capital. Ninguno de los que se sientan en esa mesa para decidir un aumento de tres pesotes de salario mínimo representa a los trabajadores ni conoce sus penurias para reproducir su vida cotidianamente.

Se trata en realidad de una política de Estado en la que se ha decidido contener el aumento del salario y los ingresos de los trabajadores para hacer atractiva la inversión de capitales privados. Pero a costa de la vida digna de la mayoría de los mexicanos.
@rmartinmar
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