2015: la política tradicional en crisis

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La crisis del sistema político liberal, y en particular de las formas de hacer política profesional y establecida hace tiempo, está en México y en Jalisco. Pero en este año hubo evidencias de que esta crisis se hizo más evidente y manifiesta. Todos los partidos tradicionales fueron derrotados y siguen perdiendo credibilidad y legitimidad.

Un síntoma más que elocuente de esta crisis es que este año, en Jalisco, la crisis de la política establecida se manifestó tanto dentro como fuera del sistema político. Echemos un vistazo.

La elección intermedia del primer domingo de junio ha sido celebrada y considerada como una especie de segunda transición porque implicó una estrepitosa derrota del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en todo el estado y, en particular, en los municipios de la zona metropolitana de Guadalajara. En dicha elección los candidatos del partido Movimiento Ciudadano arrasaron con los gobiernos de los municipios más poblados y de mayor relevancia política, derrotando no sólo al PRI sino al resto de partidos tradicionales: Acción Nacional, de la Revolución Democrática, PVEM, PT, Panal y los de reciente creación.

En particular se destacan dos triunfos electorales: el de Enrique Alfaro en la presidencia municipal de Guadalajara, que arrasó al candidato priista Ricardo Villanueva, y la victoria del primer candidato independiente al Congreso del Estado, Pedro Kumamoto en el distrito 10 con cabecera en Zapopan.

Sin lugar a dudas, el relevo del partido en el poder (MC gobierna más de dos tercios de los habitantes de Jalisco) y el triunfo de un candidato independiente significa un rechazo duro a los partidos tradicionales. Implica un mensaje de repudio a los partidos que se han repartido el poder históricamente, y al mismo tiempo una oportunidad de que los cambios que la sociedad desea y necesita puedan darse dentro de los canales institucionales de la democracia liberal. No sólo puede leerse como un voto de rechazo a los partidos y políticos de siempre, sino como una última oportunidad al sistema de partidos y la democracia representativa.

PERO LA CRISIS DEL SISTEMA POLÍTICO NO SÓLO SE MANIFESTÓ EN LAS URNAS

De hecho, es más evidente fuera de las urnas. En las elecciones intermedias de este año, millones de jaliscienses decidieron no ir a votar. Más allá de las lecturas simplistas que vinculan abstencionismo con apatía, debe verse ese rechazo al sistema electoral y a los candidatos de la política tradicional, como una postura política de rechazo al actual sistema político.

Vistas las cosas en ese contexto, el triunfo de Enrique Alfaro no es tan contundente como parece. Si bien los más de 337 mil votos que obtuvo representaron más de 50 por ciento de los votos totales depositados en urnas, apenas representan más de una cuarta parte (26 por ciento) de todos los electores de Guadalajara. Dicho de otro modo: ni Alfaro ni ningún otro candidato obtuvieron el voto de la mayoría de los electores con posibilidad de votar en Guadalajara.

Pero la crisis profunda del sistema político no tiene nada qué ver con las urnas, mucho menos con los partidos. Todo el territorio del estado está plagado de formas de hacer política que ya no consideran las formas tradicionales, como los partidos, los sindicatos e incluso las organizaciones no gubernamentales, como medios para hacer política.

Cada vez es más evidente la proliferación de colectivos, asociaciones, frentes de resistencia, centros sociales, plataformas, despliegue de iniciativas políticas perfomáticas o instantáneas, o en red que no sólo no tienen como referente las elecciones, sino que también piensan más allá del Estado liberal-capitalista.

Una buena parte de los pueblos y comunidades organizadas en contra del despojo y por la defensa de formas autónomas de reproducción de la vida, ya no tienen ni quieren interlocución con los partidos.

Los ámbitos de hacer política por fuera de elecciones y partidos se debe en buena medida a que las luchas planteadas supera con mucho el restringido margen de acción de la política liberal. Pienso, por ejemplo, que la mayoría de luchas feministas en defensa de la vida de las mujeres y contra el patriarcado, ninguna encuentra cabida en el estrecho marco de la política liberal. Es necesario plantearse otros horizontes y referentes para luchar consecuentemente contra el patriarcado.

Lo mismo ocurre a las familias organizadas que tienen un hijo desaparecido o quienes luchan contra el despojo de sus territorios, formas autónomas de reproducción de la vida y bienes comunes. Ningún partido o gobernante, incluso Alfaro o Kumamoto, están considerados en este horizonte de formas y modos de hacer política.

De modo que la crisis de la política liberal en Jalisco es mucho más grande y profunda que la que pueden curar los nuevos gobernantes, pero, a la vez, implica una esperanza de renovación y cambio de formas de hacer política, muy distintas a las tradicionales y liberales.
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