La gran simulación: el combate al crimen organizado

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Una de las mayores simulaciones de la historia contemporánea de México es la llamada guerra contra las drogas o contra el crimen organizado declarada por el panista Felipe Calderón Hinojosa al arrancar su sexenio en diciembre de 2006 y continuada, aunque sin la misma estridencia, por el priista Enrique Peña Nieto.

No hace falta que los historiadores del futuro escriban el relato de estos aciagos años que vivimos para darnos cuenta de que se trata de una gran simulación.

Los que manejan el Estado mexicano han intentado vender la propaganda de que el país padece inseguridad, territorios controlados por cárteles del narcotráfico y creciente violencia debido a que ellos se pelean porciones del mercado ilegal de drogas. Era necesario, dijo envalentonado pero estúpidamente, Felipe Calderón, que el Estado declarara la guerra a las organizaciones de los negocios ilegales para que todo volviera a la “normalidad” liberal: territorios recuperados, monopolio de la violencia estatal y vuelta a una cierta inseguridad “normal” de delitos de bajo impacto.

Lo que ha ocurrido desde aquella infame declaración es que el país se ha sumido en la peor ola de violencia, inseguridad, asesinatos violentos, casos de personas desaparecidas, y repertorios de asesinar, desaparecer, usar y mercantilizar los cuerpos de las personas que no conocíamos en la historia reciente del país.

VIVIMOS UNA GUERRA GENERALIZADA CONTRA LA MAYORÍA DE LA POBLACIÓN, DE LA QUE APENAS SE ESCAPAN LOS ALTOS MANDOS DE LA CLASE POLÍTICA Y EMPRESARIAL

El resto de los mexicanos estamos expuestos al robo, extorsión, detenciones arbitrarias, fabricación de delitos, amenazas, golpes, encarcelamientos, asesinatos y desapariciones. Todo ello agravado por formas de aplicación de violencia que se han sofisticado para causar más dolor físico y emocional, enmarcado en un manto de protección e impunidad que deja inmunes a las víctimas e inermes a la mayoría de la población.

La gran simulación reside en que no es cierto que el Estado quiera realmente luchar contra el crimen organizado. Para empezar la pretendida guerra contra el narcotráfico es una falacia. Las declaraciones, la propaganda y la mentada narrativa del Estado hace creer que el estado de violencia e inseguridad se debe a un actividad, el narcotráfico, cuando no a una sola persona, Joaquín el Chapo Guzmán, cuando en realidad se trata de un repertorio de al menos 23 negocios ilegales del que el tráfico de drogas es uno de ellos, si bien el más importante.

Es algo en lo que el experto y consultor internacional Edgardo Buscaglia ha insistido desde hace años y lo vuele a hacer en su libro Lavado de dinero y corrupción política. El arte de la delincuencia organizada internacional.

Junto al tráfico de drogas, las organizaciones del crimen organizado se dedican a distintos negocios ilegales como el tráfico de armas, el secuestro, la extorsión, la trata de personas (para trabajo sexual o esclavo), el tráfico de órganos, el robo de combustibles, lenocinio, piratería, tráfico y venta de especies en peligro de extinción, falsificación de dinero, entre otros que les dejan ganancias inimaginables.

Se estima que entre 2003 y 2012, los negocios ilegales produjeron en México ganancias por 514,219 millones de dólares (mdd); es decir, más de 51 mil mdd por año. A precios actuales del dólar significarían 841,500 millones de pesos al año.

De esa cantidad, las distintas organizaciones criminales-empresariales destinan entre 20 por ciento y 45 por ciento de “ventas” para el mantenimiento de sus actividades o como gasto operativo, en tanto que “invierten” entre 20 por ciento y 35 por ciento del total para pagos de corrupción a los agentes estatales (desde policías hasta presidentes, pasando por policías y solados) para que les permitan seguir operando el negocio.

Visto crudamente desde la economía política, el crimen organizado es una estructura de negocios ilegales que para funcionar requiere de las diferentes estructuras del Estado, a cuyos representantes reparte entre 20 y 35 pesos (dólares) de sus ganancias. Las simple aritmética nos confirma lo que ya sabíamos, que la clase política es socia y cómplice del crimen organizado.

De las ganancias que los 23 negocios del crimen organizado comete en México, la clase política saca dinero para sus pagar parte (a lo mejor la mayor) de sus campañas electorales, y también para pagar su tren de vida burgués y caro.

De modo que la supuesta guerra contra el narcotráfico, que produce una guerra en contra de la mayoría de la población en México, es mera simulación. La gran simulación.
@rmartinmar
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