Los pasos atrás en la búsqueda

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Hace mes y medio que la asociación civil Familias Unidas por Nuestros Desaparecidos de Jalisco (Fundej) abandonó la mesa de trabajo que instaló el gobierno del estado, sin que exista aún alguna señal de las autoridades, por retomar la agenda que habían diseñado en este tema. Ante esto, se tiene la sensación de haber regresado al lugar que se tenía, cuando la Fiscalía era encabezada por Luis Carlos Nájera Gutiérrez, quien siempre dejó en claro su desinterés.

Pero aún peor. En este periodo se registraron dos casos que prendieron las luces de alarma entre las familias que buscan a sus seres queridos: se entregaron las cenizas de dos cuerpos, que habían desaparecido en 2013 y 2014. El problema es que los cuerpos habían sido encontrados apenas unos días después de que se reportaron las desapariciones.

EL ACTUAL FISCAL, EDUARDO ALMAGUER, ADMITIÓ LA GRAVEDAD DE ESTOS DOS CASOS, PERO TAMBIÉN SE DESLINDÓ DE LA RESPONSABILIDAD, PUES LA DECISIÓN DE CREMARLOS FUE TOMADA POR QUIEN LE ANTECEDIÓ EN EL CARGO

Las familias de estas dos personas, un padre de familia que desapareció en 2013 y un joven, víctima de desaparición forzada en 2014, nunca dejaron de buscarlos. Siguieron todos los procedimientos que les marcaron las autoridades, se hicieron las pruebas de ADN y acudieron periódicamente a pedir información. Nunca abandonaron sus casos.

En el caso del padre de familia, desapareció en septiembre de 2013, en Zapopan. Su familia comenzó de inmediato a buscarlo y dio parte a las autoridades, aunque fue hasta el mes de noviembre de este año que les informaron que sus restos estaban ahí y les fueron entregados. El problema es que su cuerpo fue localizado desde el 4 de diciembre de 2013, es decir, unas semanas después de su desaparición, en una fosa clandestina en Santa Lucía.

La identificación reciente fue posible por la base de datos de ADN. Pero el tiempo transcurrido genera más dudas que certezas y, sobre todo, más dolor en la familia.

Otro caso es un joven de Tlajomulco de Zúñiga, a quien se llevó la policía de ese municipio en febrero de 2014. También sus cenizas fueron entregadas recientemente, aunque su cuerpo fue encontrado el 21 de noviembre en una fosa clandestina de la misma demarcación. En este caso, no sólo se trata de la imposibilidad de saber si realmente se trata de la misma persona, sino de la desaparición de evidencias que pudieran permitir encontrar a los culpables del homicidio.

El problema es que no se trata de casos aislados. Según información publicada por el periodista y académico Darwin Franco, de 2016 a la fecha el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses ha cremado 1,581 cuerpos que no han sido identificados o reclamados y sólo a poco más de la mitad se les hicieron pruebas de ADN.

Jalisco es un estado con problemas graves de desapariciones. La autoridad había lanzado algunas señales de sensibilidad que no estaría mal retomar y, por supuesto, un cambio en la política de seguimiento a cada caso.
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