¿Qué queda de la Revolución hoy?

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El pasado 20 de noviembre se cumplieron 105 años del inicio de la Revolución en México, uno de los acontecimientos sociales más importantes para el país. Para las autoridades, la fecha histórica se ha convertido en un mero ritual del calendario cívico al que da igual moverlo al lunes para juntar un fin de semana largo.

No dejar de ser una curiosa coincidencia que esta vez el festejo oficial de la Revolución formara parte del llamado “Buen fin”, ese artilugio inventado por las autoridades dedicado a promover el consumismo.

Pero más allá de festejar la Revolución con un desfile militar y deportivo (¿a quién se le ocurriría asociar disciplinas deportivas con hechos revolucionarios?), para la clase en el poder el movimiento social contra el porfirismo ya no representa nada.

Incluso para el Partido Revolucionario Institucional (PRI), cuyo abuelo el Partido Nacional Revolucionario (PNR) fue fundado por las facciones que se apropiaron de la Revolución. Durante al menos seis décadas los gobiernos emanados del PRI justificaban su ejercicio del poder usando la ideología del nacionalismo revolucionario y no pocas de sus acciones se argumentaban como medidas para cumplir las demandas y promesas de la Revolución iniciada en 1910. Pero ahora ni siquiera el PRI usa la Revolución como justificación y ocasionalmente como argumento retórico.

Y ES QUE YA NI PUEDEN USAR EL DISCURSO REVOLUCIONARIO, PUES LA PRÁCTICA DE LOS GOBIERNOS DESDE 1988 VA EN SENTIDO CONTRARIO AL IDEARIO POR EL QUE MILLONES DE MEXICANOS SE LEVANTARON EN ARMAS

Desde Carlos Salinas de Gortari a la fecha, los poderes del Estado han estado orientados a privatizar los bienes nacionales y los bienes comunes con el propósito de reorganizar la acumulación de capital en México.

La Constitución de 1917, de hecho, se parece muy poco a la que redactaron los constituyentes todavía bajo la vigilancia del pueblo en armas. Las reformas a la Constitución se han acelerado en los últimos sexenios: solamente entre el panista Felipe Calderón Hinojosa y el priista Enrique Peña Nieto se han hecho modificaciones a 200 artículos. La gran mayoría orientadas a favorecer el despojo de territorios y bienes comunes, privatizar los bienes nacionales y favorecer la inversión y facilitar los procesos de acumulación de capital.

De modo que para los de arriba, la Revolución no es sino retórica, y tal vez un temor fundado de que en la actualidad, la inconformidad del pueblo pueda otra vez reclamar su derecho a hacer la historia.

Pero abajo, en el pueblo, en las comunidades campesinas y barrios populares, los ecos de la Revolución suenan distinto. La Revolución mexicana no simple ritual del calendario cívico del Estado. La revolución no es un hecho del pasado sino un recuerdo de que gracias al esfuerzo colectivo, se tienen tierras en propiedad comunal o ejidal. No en balde la gran mayoría de las autoridades ejidales o comunales del país, tienen en sus sellos con los que certifican sus documentos la estampa de Emiliano Zapata.

¿Qué queda entonces de la Revolución a más de un siglo de su realización? Desde arriba es un ritual del pasado que se convierte en un estorbo para el país que quieren construir; para los de abajo es memoria y constelación de luchas que recuerdan que, si se lo propone, el pueblo puede reconstruir de nuevo esta nación.
@rmartinmar
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