Triste, la despedida a Villanueva

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Así salió del PRI el ex candidato. Reconocieron su lucha.

NINGÚN PRIISTA SE NOTABA MÁS DESILUSIONADO QUE EL PROPIO CANDIDATO

Cerca de las diez de la noche los micrófonos y grabadoras estaban ya acomodadas sobre la mesa; las cámaras encendidas y enfocando al lugar donde se sentarían los priistas. De un cuar­to conjunto, se asomó primero Ricardo Villanueva; se le notaba, a primera vista, serio. Saludó con un gesto rápido a los medios de comunicación y volvió a la habi­tación. En menos de cinco mi­nutos salió de nuevo, pero ahora acompañado de más personas. Hugo Contreras, el dirigente del partido tricolor en Jalisco, que vestía un chaleco rojo; Fernando Moreno Peña, el delegado que le hizo compañía a Contreras desde temprana hora del domingo. También se encontra­ba presente el coordinador de las campañas metropolitanas, Alberto Lamas que, por primera vez en el día, salía ante medios de comunicación.

Los tres, junto con Villanue­va, estaban flanqueados por simpatizantes, asistentes y más personas del equipo priista; todos mantenían un rostro serio, decepcionado. Pero ninguno como el candidato.

***

A las 10:30 de la mañana, el candidato del PRI a la Alcaldía de Guadalajara se veía con­tento, como de fiesta. Llegó caminando a votar en su casilla correspondiente, en la Colonia Providencia. Le acompañaba su esposa, sus hijas, sus hermanos y más familiares. Las mujeres, incluyendo a las niñas, vestían de un color rojo intenso. Los hombres, tonos tintos y rosados.

Posaban para las fotografías: mostraban su dedo pulgar recién pintado junto con su credencial de elector; Villanueva dijo sentirse tranquilo y que aceptaría los resultados de la jor­nada electoral en Guadalajara. El domingo, hasta entrada la tarde, sería un día familiar: visitó el Templo de la Madre de Dios y a sus padres. Dijo, sobre el partido de futbol México-Brasil, que esperaba que el país del tequila y mariachi ga­nara dos a cero; pero se invirtieron los resultados esperados y también fue una derrota.

En punto de las dos de la tarde, Hugo Con­treras, junto con More­no Peña y con el secretario de Acción Electoral del PRI, Héctor Pizano, salió a dar una primera rueda de prensa. Se esperaba que emitieran un balance de las votaciones a favor de Villanueva y del resto de sus candidatos en Jalisco pero, al cuestionárseles, prefirieron esperar más tiempo para emitir un posicionamiento porque todavía no tenían un reporte, aunque fluían en las casillas los simpatizantes del tricolor.

Antes de que salieran ante medios, se vio bajando las escaleras del PRI a Alberto Mora Martín del Campo, quien fuera vocero durante las campañas; el principal personaje que hizo “la cruzada de la verdad” en contra de Enrique Alfaro.

El tema que trataron fue en contra de Movimiento Ciudadano. Primero mostraron tres videos que se grabaron en el Distrito 8 y en el Distrito 14: actos de proselitismo y acarreo; que en los municipios donde gobierna el partido naranja se estaba inhibiendo a los votantes, para que favorecieran a sus candidatos.

También acusaron que la organización Guardián Electoral, perteneciente a Movimiento Ciudadano, estaba usurpando las funciones de observadores electorales, pues no tenían ningún registro ante el Instituto Nacional Electoral ni eran funcio­narios de casillas.

Desde las cinco de la tarde ya se espe­raba que Villanueva saliera ante medios de comunicación. Desde temprana hora del domingo, el equipo de Villanueva rentó un salón en el hotel Fiesta Americana, junto a La Minerva. Fue un salón que nunca se usó. Se había planeado como un cuartel general para dar noticias favorables y, seguramente por la noche, después de que se dieran a conocer los resultados de las elecciones, las personas bajaran a festejar. Pero el PRI nunca celebró ni en la Minerva ni en ninguna otra parte de la ciudad.

De acuerdo a sus resultados internos, tenían una ventaja en Guadalajara, en Zapopan, Tonalá y Tlaquepaque; incluso, Contre­ras dijo que “podrían dar una sor­presa en Tlajomulco”, territorio naranja. Con eso quitó seriedad a todo lo dicho anteriormente. Pero ninguno de los presentes se veía sonriente en la Calzada del Campesino, ni siquiera el coordinador de la campaña de Villanueva y líder del tricolor tapatío, Miguel Castro. Parecían nerviosos, inseguros: en realidad, no estaban convencidos de lo que ellos mismos proclamaban.
Enrique Aubry, dirigente del Partido Vede Ecologista en Jalisco, con quien el PRI hizo coa­lición, se veía ausente, con una mirada perdida y con la boca entreabierta. Solamente tomó los micrófonos para reiterar que serían respetuosos de los resul­tados, cualesquiera que fueran.

A los pocos minutos, se levantaron y volvieron a meterse al cuarto conjunto de la sala de juntas.

***

Caras largas. Villanueva ofreció sus propuestas a Alfaro.

Caras largas. Villanueva ofreció sus propuestas a Alfaro.

Horas antes de dar una últi­ma la rueda de prensa, cerca de las diez de la noche, en el Comité Directivo de la Calzada del Cam­pesino se sentía un ambiente tenso, muy silencioso. No había gente sonriendo y a ningún líder tricolor se le veía entre pasillos: todos estaban dentro de oficinas privadas, con el dirigente.

Tampoco volvieron a citar en el Hotel Fiesta Americana. Ya ha­bía tarimas en La Minerva y muy pocos simpatizantes del priista listos para celebrar. Sin embargo, eran más personas que ya esta­ban festejando al contendiente de Villanueva, Enrique Alfaro.

En el estacionamiento del PRI se veían algunos jóvenes simpatizantes platicando, pero no muy sonrientes; cenaron ahí mismo lonches, hamburguesas y agua de tamarindo. Había algunas personas que estarían como regidores suplentes en la planilla de Villanueva; estaban presentes aquellos que confor­man la estructura del tricolor en diferentes distritos de Guadalaja­ra, todavía con sus chalecos rojos y camisas blancas con el logo del candidato.

Los directivos del Revolucio­nario Institucional no apare­cerían hasta casi las diez de la noche. Se veían decepcionados, pero ninguno se veía tanto como Villanueva. Mientras ha­blaba Hugo Contreras para decir que no les favorecían los resulta­dos en Guadalajara, el candidato no dejaba de moverse de su asiento, se acomodaba el cuello, jugueteaba con una pluma de la mesa, miraba a todos lados. Se le veían los ojos rojos y haciendo muecas como aquel que no quiere que le vean triste, como aquel a quien no quiere que le vean llorar.

Le tocó el turno de hablar a Villanueva: que acepta los resultados y “así es la democra­cia”, dijo. Por su parte, Contreras, como mostrando su apoyo, asentía con la cabeza a lo que el candidato decía. “No nos equivo­camos, eres el mejor candidato”, le expresó. Villanueva tenía su automóvil en el estacionamien­to; al bajar de las oficinas del PRI, fue recibido por decenas de sus simpatizantes entre aplausos y porras con su nombre. Muchos se le acercaron a darle un abrazo, entre ellos, la secretaria general del PRI, Ángeles Arredondo. Le rodeaban y le sonreían. El candidato les agradecía y antes de entrar a su auto, les dijo: “hay muchas cosas en la ciudad por resolver”, a lo que se escucharon comentarios como “¡a trabajar!”.

Se subió al asiento de atrás, junto con su esposa. Bajaron las ventanas y siguieron despi­diéndose de los simpatizantes, quienes le aplaudieron hasta que desapareció el auto.
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